“NO LO AYUDABA LA GENTE CON LA QUE SE JUNTABA. COMO AMIGO ERA BUENA PERSONA, PERO SIEMPRE TUVO GENTE ALREDEDOR POR CONVENIENCIA. NUNCA HIRIÓ NI MATO A NADIE, SOLO ROBABA “

LOS INICIOS

Es el segundo de tres hermanos, proviene de una familia violenta, cuyo padre era golpeador. De chico era una persona que siempre laburó. A los 20 años empezó a trabajar en una verdulería que estaba metida con la droga y la transa, además de robos y ventas de autos. Al cabo de unos meses, los dueños de la verdulería le ofrecen que venda los autos que ellos robaban, algo simple y pequeño, para que vaya viendo cómo era la movida y luego sí, empezaría con operaciones más riesgosas y ganancias más grandes. Inducido por esta gente y porque siempre andaba corto de plata, decide aceptar la propuesta, ya que la guita que le ofrecían era muy tentadora.

Pasado un tiempo, y viendo que el chico hacia muy bien su trabajo, sus jefes “verduleros” deciden otorgarle algo más pesado y con mejores ganancias: robo de camiones blindados. Lo primero que se hacía para ejercer este negocio era aprender la logística, es decir, el tema de los tiempos, los cálculos y las señales. Él se encargaba de ver en qué horarios los patrulleros salían a recorrer las zonas, se ocupaba de observar en los momentos en donde menos gente, vigilancia y/o alarmas había en esos sectores. Este tipo de trabajo lo llevo a la droga, por al miedo que le ocasionaba hacer estas cosas; corría un riesgo muy elevado pero la paga lo valía.

En esta clase de negocios no hay líderes, sino que son un equipo , en donde todos deben estar al tanto de lo que se planea, ya que nada puede quedar librado al azar ni suposición de nadie, ni mucho menos andar boqueando por ahí. Eso implica caer en cana o algo mucho peor: la muerte.

Para robar camiones blindados, además de estudiar la logística, tenían que encontrar inversores, es decir, buscar a una persona que se encargue de saber cuándo el vehículo va cargado con toneladas de dinero y cuando no, conseguir armamento, pero no cualquier armamento, para asustar a la vigilancia con la que cuentan estos tipos de camiones, había que tener como mínimo granadas, fusiles o escopetas. Además de vestimenta especial, para disfrazarse y así pasar desapercibidos, para esta ocasión, se vistieron de barrenderos y dentro del carro de limpieza llevaban las armas. Para que todo salga bien, se tiene que contar con la complicidad de muchísima gente.

El camión estaba estacionado a mitad de cuadra, dos de los tres ocupantes bajaron para retirar la recaudación del Rapipago ubicado al otro lado de la calle, quedando sólo el conductor arriba. Lo que facilitó que los delincuentes pudieran reducir a los hombres cuando se encontraban abriendo el camión para depositar el dinero que traían en bolsas selladas. Los hicieron acostar en el piso de la parte trasera con las manos en la nuca y les sacaron todas las armas dejándolos inmóviles. Otro de los ladrones se encargó de cortar el tránsito y dar la señal de que el trabajo ya estaba hecho. A unas cuadras del lugar, los esperaban en un auto para emprender la huida, los ladrones logran escapar con todo el dinero y a mitad de camino cambian de auto una vez más para no ser reconocidos.

La noticia de este robo perfectamente diagramado, llegó a oídos de gente que estaba en la misma movida, pero un poco más pesada, es decir que no robaban camiones blindados sino sucursales de bancos. Y necesitaban de gente que anduviera en estos negocios y con experiencia. Así fue como se contactaron con este chico (que a esta altura ya la tenía bastante clara) y reúnen a un grupo de gente para empezar a planificar el robo al Banco Nación, de Ovidio. Lagos y Arijón. Robo que se perpetró en el 2008.

Para este tipo de robos se necesitaba más tiempo de planificación, que el que se necesita para robar un blindado; aunque ninguno de los dos son tarea fácil. Hay que contar con al menos dos o tres vehículos. Lo primero que hicieron, entonces, fue robar una chata y remodelarla para que ni la policía ni el antiguo dueño pudieran reconocerla. Polarizaron los vidrios, la pintaron y le agregaron varias luces. Además de la chata, consiguieron otro auto para estar más seguros a la hora de escapar. El plan contaba con una persona que hiciera de campana todo el día, otras dos que se encontraran manejando la chata y otra persona más a mitad de camino que estuviera con el auto así podrían cambiarlo y escapar fácilmente. El sereno del Banco también era cómplice, lo que hizo más sencillo el poder entrar. El encargado de ingresar era el ex verdulero, ahora disfrazado de cartero y al tanto del horario de toda la planta de empleados, sus horarios de ingreso y salida. El chico estaba armado, eso serviría para reducir a quienes estuvieran dentro. Empezando por el guardia de la garita de vigilancia. En eso, uno de los clientes del banco se da cuenta de la situación y dispara una alarma silenciosa dando aviso de que algo andaba mal. El chico se da cuenta y en el revuelo que se genera pierde tiempo clave ya que faltaban exactamente 3 minutos para que se abriera la bóveda. Viendo que nada salió como se había planificado, y perdido por perdido, manoteó toda la plata que tenía a su alcance y trato de escapar antes de que el banco se llenara de policías; la comisaria estaba a seis cuadras de ahí. El chico logra salir del banco y subirse a la chata que lo estaba esperando. Antes de que pudieran arrancar los móviles policiales ya tenían la cuadra cortada. Se desata un tiroteo en el que los ladrones logran escapar ilesos. A diez cuadras del hecho, el chico se baja de la chata y se mete al auto despistando a los policías y librándose definitivamente de ellos.

Pasado un tiempo, este chico comienza a salir, derrochando la plata que había conseguido en este último robo. Boliches, drogas, alcohol, mujeres, hasta que conoce a una mujer con la cual comienza a salir y a tener una relación estable, sintiéndose en confianza para contarle su oscuro pasado. Pero lo que él no sabía era que el padre de ella era policía. Su novia al enterarse de todos sus crímenes decide contarle a su padre la clase de persona con la que estaba saliendo y denunciarlo. Finalmente el chico cayó preso durante 3 años. Pero no cayó solo, sino que arrastró gente con él. Los policías habían escuchado hablar mucho de este chico y sabían que tenía guardada en algún lugar mucha guita. Por eso, comienzan a amenazarlo y decirle que si quiere tener buenas atenciones en la cárcel deberá darles dineros a ellos; de lo contrario la va a pasar muy mal. Como el chico se rehusó los canas lo molieron a golpes en varias ocasiones.

 

Una vez cumplida su condena y debido a la falta de pruebas, la Justicia decide dejarlo en libertad.

Al salir de la cárcel se encontró solo, su chica lo había traicionado, y sus amigos eran amigos mientras hubiera plata. Lo último que se supo de él fue que ingresó a un centro de rehabilitación, como un intento final por enderezar su vida.